domingo, 19 de octubre de 2008

(in)Sanidad Polaca y Maratón

Sábado 11 de Octubre de 2008

En teoría me tenía que levantar temprano para que mis compañeros polacos me llevaran al hospital, en la busca de un dentista allí o sino en su defecto un privado. Pero gracietas del destino, además de que no se levantaron hasta bien entrado el mediodía y yo lo hice unas horas antes, no hay especialistas en los fines de semana en el hospital, ni tampoco dentistas disponibles. Perfecto, eso significó que tenía que esperar hasta el lunes para recibir cualquier tipo de asistencia médica. El que escupiera sangre no era preocupante pues eso debió aliviar la presión, o al menos eso quería pensar para no explotar de rabia como un musulmán hombre-bomba. No quedaba otra que esperar, menos mal que tenía analgésicos de sobra y Simón (mi compañero polaco de habitación) en un alarde de vegetarianismo, me compró unas hierbas para hacer té y que sirven para dolores y tal.

El día anterior se había planificado con los demás Erasmus irnos el sábado a una ciudad polaca de cuyo nombre no me acuerdo y también ir a Katowice para salir allí a la noche. Con la mandíbula hinchada y un dolor de perros que me hacía tener un sentido del humor de lo más agresivo, entonces ir no era una opción razonable, así que me quedé en la residencia.

Menudo plan.

Domingo 12 de Octubre de 2008
Hacía un día espléndido, muy soleado y nada de frío. Con una climatología así no es extraño que me diera por hacer un poco de footing. Acostumbrado a un verano lleno de correteos por aquí y por allá en mi Pontevedra natal, no esperaba tener la oportunidad de hacerlo en Polonia dado sus simpáticas temperaturas bajo cero.Además aunque la mandíbula me dolía un poco, no tenía tanto dolor como para pedir la eutanasia.

También decidí que podía ver muchas nuevas tierras, así que me puse mis amados pantalones cortos de los Jayhawks (un equipo de Kansas) y su camiseta, y salí por la puerta de la residencia a las 15:45 con un objetivo: llegar a Gliwice, la ciudad de al lado. Craso error por mi parte el que no se me ocurriese medir la distancia con google maps antes de salir. Estuve corriendo, y corriendo sin encontrar signo alguno de civilización, el sol comenzaba a ponerse amarillo de atardecer, y aunque me estaba cansando de lo lindo, sabía que no podría parar si quería sobrevivir: si anochecía estaba en un país desconocido en una zona desconocida ¡y las únicas personas contactables serían gente conocidamente ignorante del inglés!

Llegué a unas casas y pregunté a una persona dónde estaba Gliwice, y yo tenía un miedo acojonante de haberme pasado de la ciudad, porque aunque ni llevaba reloj sabía que había pasado un largo tiempo corriendo. Bien, la señora me dijo que aquello era Gliwice. Y ni de coña se parecía eso a lo que yo había visto. Por un momento pensé que dada mi (limitada) velocidad quizás me había transportado a otra dimensión. O quizás tenía una falta de azúcar y de riego mental. No yo, sino la señora. Seguí caminando por un soviético parque con aspecto de jungla y le pregunté a un señor dónde estaba el centro, y tuve que girar 180º, pero dos minutos más tarde vi un edificio muy alto entre las ramas, con las gloriosas letras de "Politechnika Slaska" ¡había sido salvado!¡ya estaba en un Gliwice reconocible!

Entré a una de las facultades a beber algo de agua, me encontraba sediento. Al fin pude vislumbrar la hora: las 17:20. Me fui a la parada del tranvía para regresar a Zabrze, y saqué el billete que tenía escondido todo este tiempo en un tenis. Estaba algo arrugado y pachucho, pero servía igual. Cuando llegué a Zabrze a las 6 el sol ya estaba casi oculto y empezaba un frío infernal, no me extraña que la gente me mirase sorprendida a mis peludas piernas, era de locos estar con pantalones cortos.

Y descansé en la resi. Lo necesitaba. A Dios le pasó lo mismo. Sólo que luego miré la distancia que ahbía hecho y habían sido unos 12 kms así por las buenas ¡Estúpido de mi

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