sábado, 20 de junio de 2009

Berlín: Día Dos

Viernes, 3 de abril de 2009

Nuestro primer amanecer en Berlín ¡finalmente! el hecho singular, de hecho no tan singular en Europa central, de la inexistencia de persianas hizo que el amanecer nos despertara lo suficientemente temprano para molestarnos, para luego quedarnos dormidos de nuevo y que se nos pasase la hora planeada de salida del hostal. Ni que decir tiene que el exceso de luz me está volviendo literalmente loco. Pero eso ya es otra historia para otro Best-Seller, o como se diga.

Esta vez nos dirigimos al centro de la ciudad por otra ruta más urbana, el día anterior habíamos atravesado el parque (en el cual millones de turcos hacía una barbacoa, que se olvidó comentar). Pasamos delante de una prisión de la cual no guardo fotos, lo cual es una lástima pues podría publicar un bajorrelieve en fachada en la que se encontraba una especie de balanza con dos jaulas, en una un hombre salía libre y el otro no. Esperen que me sumerja en google un poco:

Esperen, esta no es.

¡La encontré!¿humor alemán?

A lo que iba...tras media hora llegamos a un paraje cercano a la estación central o Hauptbanhof para luego tomar dirección sur y dirigirnos a las explanadas donde se sitúan en Bundestag y el Reichastag, lugares ligeramente famosos donde los haya. Sin embargo no pudimos entrar en éste último como habíamos previsto, pues había algo relacionado con obras o así. Pero no fue una decepción, simplemente la entrada de turistas se había postpuesto para la tarde. Así Catalina y yo decidimos ir más dirección sur para ver estos ¿edificios?


Va a ser que no, se trata en realidad del Memorial del Holocausto. Un lugar que hay que visitar, cuyo museo se encuentra bajo todos esos bloques. En él aprendí que tan sólo 4 países no vivieron la búsqueda y deportación sistemática de judíos: España, Reino Unido, Portugal e Irlanda. En todos los demás e mayor o menor medida tuvo lugar la persecución. Me pregunto cuántas historias sobre esto pueden contar los abuelos a sus hijos y nietos en los demás países europeos que los nuestros no pueden. Nunca conocía a mi abuelo materno pues murió tiempo antes de que yo naciese, pero tenía muchas historias que contarme, pues no no soy el primero de mi familia en visitar Polonia (ni sería el primero en Rusia) dado que por aquel entonces la única forma de viajar en masa a otros países con gente de tu edad no era el Erasmus precisamente.

Tras el Memorial nos dirigimos a un parque cercano a descansar un poco. Curiosamente en él sólo se veían chicas. Puede parecer cómico, pero cuando ves que toda familia estaba compuesta por dos mujeres y sus hijos pienso en que más de un cardenal español se tiraría de un puente. O puede ser algo totalmente distinto, que los alemanes tengan aspecto de mujeres. Esto sería una promesa incumplida, pues todo folleto turístico indica que las alemanas tienen aspecto de hombre. Vivir para ver.

Tras esta sarta de pensamientos sin sentido y de dudoso gusto que han sido introducidos por mi editor para abarcar un mayor espectro de lectores (los que buscan palabras clave de dudosos gusto en Google, todo un filón) vuelvo al viaje. Una vez dormida una siestecilla en plena hierba sin miedo a que nadie nos acuchillara volvimos al Reichstag. Aquí es donde Alemania dirimía sus más importantes asuntos cuando era un país ambicioso pero incomprendido, no como hoy en día que no hay forma de convencerlos para que invadan a nadie más allá de las Baleares. Aviso a navegantes: suele haber bastante cola, y no da sombra cuando uno está esperando, así que ir tempranos y lllevaros mucha agua y munición.



Catalina demostrando que este folleto SÍ que es exacto

Después otra vez dirección sur, no para encontrarnos con pingüinos como uno podría esperar tras tanto ir hacia allí, sino que la Postdamer Platz era nuestro objetivo. Tanto rascacielos (bueno, casi) me recordaba a mis viejos tiempos en Kansas City (bueno, tres días).

Catalina sumida en la oscuridad otorgada por los rascacielos

Tecnología puntera españ...¿cómo?¿que eso está en pleno Berlín?

Dirección este para tras unas cuantas calles encontrarnos con el Checkpoint Charlie, punto de (des)encuentro entre esas dos simpáticas asociaciones de padres de alemanes con armas de disuasión nuclear llamadas OTAN y URSS. También por el camino nos topamos con parte del infame Muro de Berlín y con un oso pintarrajeado, en vez de Cow Parade al parecer tienen Ursen Paraden (digo yo que algo así es) pues este simpático animal es símbolo de la ciudad.

Oh, esperen, no es esta.

Oigan, pues tienen un parecido...¡no lo nieguen!¿es Berlín una California enfurecida?

Curiosamente ahí aparecen los cuatro países de nuestra gira europea. En un oso.

Éste es el Checkpoint Charlie. Mi antiguo compañero alemán de piso, Michael, me explicó que ahbía otros dos checkpoint, Alpha y Bravo, y éste fue designado Charlie. Podría comprobarlo en la wikipedia pero ahora estoy concentrado escribiendo para luego irme a estudiar ;)

Al lado había un museo del comunismo (me pregunto que capital de Europa central no lo tiene) pero como aún nos quedaban varios miles de kilómetros de viaje decidimos ahorrarnos la entrada. Amén de no disponer de excesivo tiempo ni de ser lo suficientemente poperos/modernillos como para entrar en sucesivos museos del comunismo que nos encontramos. En lo que sí entramos fue en la tienda, donde me compré las banderas de Polonia, Hungría y Austria. Es curioso que no encontrase ni UNA sola de Alemania. Y que justo encontrase la de los países que conformaban la Gran Alemania deja abierto toda clase de conspiraciones y teorías suculentas. Ah, la razón para comprarlas fue que quiero una bandera de cada país que visite. Este objetivo me dará una aventurilla en Dresde como veréis en dos capítulos en el futuro.
American Way of Life, según Catalina

Guardia Civil de Alemania.

Una vez anochecido nos dirigimos al norte hasta un kebap que me habían recomendado Troel y Lin (los dos daneses que me guiaron en mis primeros pasos en Berlín), y de paso volvíamos a pasar por el centro. Mis amigos, mis lectores y mis abogados saben que no soy un gran fan de esta comida turca, ya sea por ver cucarachas en un local o por encontrarme pelos en el rollo de kebap. Pero albergaba la esperanza de ser servido por altos y disciplinados teutones en el corazón de su imperio. Aunque el local no estaba regido por alguien así, mis queridos daneses ya me recomendaron el lugar diciéndome explícitamente que en Alemania todo es más y higiénico. ¡Mucho más vaya! por el mismo precio de un kebap servido en España, esto es, 3,50€ disfrutamos de uno mucho más grande, limpio. sabroso y seguramente más sano, además de que el local no atraía a criminales, quizás tan sólo a crimen organizado de alto standing. El local en cuestión está en Friedrichstrasse, justo debajo del puente del tren. No se preocupen, ya sé que en España debajo de un puente sólo hay vagabundos, en este caso vi un par de ellos pero supongo que serían figurantes para sentirnos como en casa.

Tras esto nos volvimos a nuestra guarida en Alt-Moabit (nuestro barrio de adopción) caminando, y es curioso lo seguro que me sentía en esa ciudad. Tranquila, irradiaba silencio y paciencia, como si no estuviera habitada. Esto no significa que algún extranjero se dedique a hacer el idiota:

Por lo menos es un chiste que no me pasé horas desarrollando...

Al fin podía descansar pues lo que nos esperaba al día siguiente era tren. Mucho más de lo que esperábamos.
Próximamente en el emule y megavideo...

Día de Expedición Tres: Infortunio y Desinformación

jueves, 18 de junio de 2009

Berlín: Día Uno

¡Novedad en el Blog!: ahora debajo del mapa de Gente Naufragada Aquí (a la derecha) hay un botón con nombre Geovisitors. Podéis cliquear en él para saber exactamente dónde se encuentran mis enemigos y por consiguiente regalarles un plácido y cálido merecido. Gracias. Larga vida a los colectivos revolucionarios que tanto apoyan a este blog (ninguno por el momento). Idea robada de Diario de un Copépodo.

Bien, ahora a lo que iba, a relatar mis viajes de antaño. Los exámenes tienen la culpa de este retraso totalmente justificado.

Jueves, 2 de Abril de 2009

Aeropuerto Tegel de Berlín. Un James, Una Catalina en un esperado reencuentro que trajo más alegría a servidor de lo que puedo expresar en un mediocre blog como esto, por lo que estoy preparado para dar una declaración a los medios de comunicación que considere suficientemente importantes. Esto también me recuerda que tengo que aprovechar cualquier espacio publicitario gratuito como este grandioso blog para publicitar mi último libro.


Dormir en un aeropuerto alemán esperando a tu novia es una experiencia menos fantástica y romántica de lo que puede parecer en primera instancia. Sobre todo cuando necesitas una bandana puesta a modo de condenado a fusilamiento para preservar la integridad de tus pupilas ante los omnipresentes fluorescentes y por lo tanto poder dormir algunas horas. Al fin de al cabo no fueron más que cuatro o cinco, pues un amable policía germano me despertó cual vagabundo del banco en el que disfrutaba de un dolor de espalda y de un sueño ligero.

Al fin sobre las 9:3 llegó Catalina y le pude dar el ramo con girasol que estuvo languidenciendo en un autobús a lo largo de 490 kilómetros. La verdad es que en esos momento semejante planta me estaba dando verdadera vergüenza ajena, lo malo es que Catalina llegó instantes antes de de que decidiera darle una justa y merecida eugenesia. Perdón, eutanasia. Si es que en Alemania ya se sabe, en cuanto menos te lo esperas te encuentras con un brazo en alto e invadiendo Polonia (lo cual traería consecuencias imprevisibles a mi acuerdo de estudios con la Universidad Politécnica de Silesia)

No teníamos tiempo que perder, pues debíamos dirigirnos al hostal. Sin embargo sí que pedimos tiempo averiguando cómo funcionaba la máquina expendedora de billetes de autobús, tecnología obsoleta que hemos superado en España mediante la creación del Conductor Malhumorado. Una vez, cogiendo (me encanta meter esta palabra para contentar a mis -desconocidos- lectores del otro lado del charco, y sobre todo para aparecer en sus buscadores más concurridos) un autobús para la playa en Galicia el conductor me dio una vuelta menor de lo que correspondía. Tardé en darme cuenta algo así como tres o cuatro pasos, tras los cuales volví junto al conductor y le expliqué amablemente que me dio de menos. Tras refunfuñar palabros ininteligibles accedió a darme lo correcto. Mi mano recoge monedas y mi cuerpo se dirige al asiento, mi cabeza piensa en tías en bikini a tan sólo 45 minutos en el futuro. ¿Todo bien? ¡ja! el conductor esta vez se esforzó para vocalizar y dijo: ¿a dónde vas?¡te he dado de más ahora y no has dicho nada!. Un episodio lamentable.

A lo que iba. Nos bajamos en una parada antes de lo previsto debido a mi previsión, pero aunque soy hombre y a mucha honra heterosexual (no falta una coma) no dudé en preguntar las suficientes veces para llegar sanos y salvos al hostal. Así lo decidí y así fue, tras caminar como 10 minutos tras la parada de autobús nos dimos cuenta de que era un barrio turco pues había más kebaps que baldosas en la calle. Pero llegamos sin ningún problema.

El hostal estaba regentado por uno/una británico/británica llamada Paula. Y no escribo así para contentar al Ministerio de Igualdad, sino porque nació hombre y en algún punto de su vida se sintió mujer, sé que se dice que Berlín cambia a la gente, pero no tanto. Era muy amable, demasiado, pues con ello intentaba ocultar la maldad que se esconde en detalles como tener que pagar aparte si queremos derecho a toalla o tener que rellenar múltiples formularios. Yo estaba cansadísimo, pero Catalina decidió que debía demostrarle a Paula que el acento británico no es tan especial como parece. Había también un chico estadounidense con una guitarra, pero quizás era un vagabundo. Como buen novio desconecté totalmente de lo que pasaba a mi alrededor y me puse en piloto automático. Afortunadamente tiempo más tarde pudimos alcanzar nuestra correspondiente habitación y descansar al fin de tantas horas de transporte público que tanto ofenden a snobs como nosotros.

Tras descansar decidimos darnos nuestro primer paseo por Berlín: Columna de la Victoria, Puerta de Brandeburgo, diversos museos (pues los jueves son de entrada gratuita a las últimas horas, queridos viajeros) y no mucho más pues anocheció relativamente pronto y hacía un frío que relativamente te helaba hasta las neuronas. Sobre el Museo de Historia, puro negacionismo, oigan. Nos negaron aprender cosas ¡ni que estuviéramos en España! pues no lo llegamos a visitar debido a que los simpáticos administradores lo habían cerrado ese jueves a una hora especialmente temprana. Para evitar visitantes gratuitos.

Como mil imágenes valen más que una palabra, he aquí una selección de fotos, con ruta incluida:

Bicicleta para 5 personas. Seguramente españoles, por lo de ahorrar de viaje. Una fiambrera para los 5, supongo.

¡Catalina se convierte en Katarin la Comunista!
Lost. Perdidos. En Berlín.





Próximamente: Día Dos....inesperado ¿verdad?

domingo, 7 de junio de 2009

Autobus über Alles

Atención a la extraña conversación de hoy mantenida por servidor y por el señor Alberto.
-Servidor: Escucha ¿cuándo te vas de Polonia?¿el 17?
-S. Alberto:Gùagaaraghhg (atragantándose con una botella de agua. Bueno, con su contenido. Y me ha salido una "u" con la tilde reversa al azar. Es el destino)
-Servidor: joder, el agua te va a matar
-S. Alberto: me voy a tomar una ducha.

A falta de métodos legales para una eutanasia efectiva, si no quieres caldo, siete tazas.

Sigamos pues, con el propósito del blog: iluminar a pobres y a extraños con mis vivencias allende los Pirineos.

Miércoles, 1 de Abril de 2009

El día antes del día D. Unas buenas horas antes de la hora H. Esto es, recoger a Catalina en el aeropuerto, tras unos cuentos meses sin vernos. Lo del aeropuerto suena fácil hasta que un ose entera de que es el aeropuerto de Berlín. Que conste que no es culpa de ella, de hecho he de confesar que soy el autor intelectual de semejante crimen. No sé porqué se me vino a la cabeza que sería una fantástica idea que nosotros dos hiciéremos un tour por Europa adelante empezando en Berlín, luego yendo a Boitzenburgo, tras ello Dresde, después Praga, que no falte Viena ni tampoco Salzburgo. Descansar un par de días en Gliwice para más tarde visitar Auschwitz y Cracovia. Cuatro países en 20 días, en tres de los cuales jamás he puesto mi pie con anterioridad.. Cualquiera diría que es un plan digno de un cerebro medio demente y medio genio, pero tras saber que es producto de mi imaginería cualquiera de ustedes, esclavizados lectores, comprenderán que era una salida lógica a mis ansias de invadir países.

¡Invadiendo que es gerundio, hombre ya!

Semanas atrás había visto las posiblidades para un pobre español para llegar a Berlín sano y salvo. A pesa de que las ofertas de caravanas de pioneros cruzando el Lejano Este de Europa parecía radiantemente atractiva, al final me decanté por coge un autobús, pues ni tenía suficientes balas para matar a posibles asaltantes de la caravana. Amén de que es más rápido que el tren y también más barato (no pregunten porqué, ni idea tengo, y no hagan chistes siniestros).

Por la mañana tuve clases (se preguntarán porqué cuento esto. Bien, 1º-me pagan por línea escrita y 2º-me gusta contar en este blog cosas inusuales para la vida Erasmus) en las que estuve especialmente nervioso, pues tenía la mente en otro lugar, incluso en otro continentes. Tras volver de Zabrze ultimé los últimos detalles, en los que se incluía un ramo adornada con un único girasol. Quien conozca a Catalina sabrá el porqué. Y sino, que busque en la wikipedia. He de decir que el ramo no estaba en sus mejores condiciones físicas, y éstas no iban a mejorar pues no a pesar de que algún polaco de la residencia es de otro mundo, no tenía a ET cerca para revitalizar el girasol.

El autobús salía a las 18: 30 del simpático y acogedor Gliwice, así que como buen paranoico llegué allí a las 17:00, no sólo para ver si había francotiradores en las cercanías, sino que también porque no tenía mucho que hacer y los nervios me estaban matando. Y más vale prevenir que curar, como dijo el mesiánico George Bush cuando invadía Irak. Más y más autobuses llegaban y se iban de la estación Internacional de Autobuses (sic) de Gliwice. Tras mucho esperar y ver docenas de autobuses que se iban sin mi en dirección a Alemania llegó el que me correspondía. A pesar de mi aspecto negroide y por tanto inferior para los lugareños, nadie me impidió la entrada al autobús una vez enseñado el consabido billete. Intenté acomodarme lo mejor posible, pues me esperaban ocho horas de viaje. Era la primera vez en Polonia que me iba en dirección oeste, siempre visite lugares al norte, sur o este de donde vivo. Silesia es la región que no tardé dejar atrás, donde se concentra mucha población y mucha industria minera. Eso es queridos lectores. Sé que vuestras mentes han diseñado una visualización de cielo negro, altas torres que escupen humo negro que tiñe el cielo como una miasma mortal que no deja pasar la luz del sol, sacrificios humanos, esclavos trabajando en las minas hasta caer exhaustos para después ser parte del menú del día de sus compañeros de pozo, todo ello protegido por hordas de salvajes que no dejan de luchar entre sí. Pues bien, damas de dudosa reputación y caballeros, todo es medianamente falso. Excepto la primera y última parte ¿Porqué comentaba yo todo eso...?...ah, sí, Silesia. Aparentemente siempre disfruté de la más funesta parte de Silesia. Uno se va un poco más al Oeste que Gliwice y ya se encuentra con un paisaje muchos más verde y acogedor. Una joya vamos.

Como no hay foto, imaginaos un paisaje de suaves colinas y pequeños bosques dispersos. Casi como la Comarca. Pero con orcos.

El autobús paró un par de veces en gasolineras y entre sueño y sueño recostado de una forma absurdamente dolorosa, me di cuenta que había dos individuos en aquel transporte que no hablaban polaco. Bueno, conmigo eramos tres, así que decidí que debía aprovecharme de ellos, o al menos saber quienes eran. Pues un extranjero en Gliwice es casi tan común como en el País Vasco.

Tras perder por completo la noción del tiempo por culpa de las cabezaditas de autobús (el primer año de carrera hacía 130 kms entre ida y vuelta a Santiago de Compostela. Por lo que soy un experto en dormitar en autobuses.) noté un cambio de ritmo en el autobús y me desperté: estábamos ya en autopista alemana¡mi primera vez en Alemania!...a la 1 de la mañana en un autobús lleno de polacos, dos extranjeros y un agonizante girasol. Siempre había sido mi sueño. Casi se me derramaban las lágrimas, pero sólo tenía una botella de agua y no iba a desperdiciar H20 inútilmente.

Llegados a la estación de autobuses Berlín algo antes de tiempo, nos bajamos todos y en 30 ya fui a hablar con el chico y la chica divisados anteriormente. Les pregunté si eran alemanes y me dijeron que no. Primera decepción. Pensé que podrían haber sido de las Juventudes Hitlerianas y que me podrían enseñar un par de bailes de sus tiempos de acampadas. Les pregunté de qué forma podría ir al aeropuerto y muy amablemente me dijeron que ellos también tenían que salir de aquel agujero, y que por tanto podría acompañarles.

Sus nombres eran Troel y Lin (chico y chica respectivamente) y procedían de Dinamarca. pero se quedaron a vivir en Berlín pro unos meses buscando trabajo (juro que debió ser la 8 vez que escuchaba eso de alguien, muchos se quedan en esta ciudad). Que conste que el chico tuvo que escribir su nombre para que yo pudiera entender realmente cómo pronunciarlos, una especie de "tghu-oel".

Caminamos durante 30 minutos por las desoladas calles de Berlín. Sin sentir miedo a pesar de la total inexistencia de vida humana a las 2 de la mañana de un incipiente jueves. Como estudiante lo veo intolerable. Me explicaron como funcionaban los billetes de metro y de autobús en la ciudad, y muchos pequeños detalles de Berlín. Y que estuvieron en Gliwice de paso tras ir a Cracovia a visitar a unos amigos. También me dijeron que autobuses debía tomar para llegar al aeropuerto, todo esto mientras cogíamos juntos el primero de ellos. Este autobús pasó por todo el centro histórico de la ciudad, así que me sentí como una especie de tour guiado por dos danenes por Berlín al precio de 2 euros y poco. Me encantó.

Me despedí de tan simpáticos y útiles hijos adoptados de Berlín y me bajé para tomar un bus, lo cogí, para más tarde esperar como 40 minutos en lo que parecía la mitad de la nada por otro. AL fin llegó el bus TXL que me llevó plácidamente de ese lugar al aeropuerto (concretamente durante 8 minutos....podría haber ido andando). Me moría por dormir totalmente recostado, así que una vez en los pasillos del aeropuerto busqué un banco cómodo, pero no los había. Me tuve con conformar una especie de mobiliario de difícil definición. Quedaban 4 horas para que Catalina llegase desde un avión que hacía escala en Amsterdam y yo estaba terriblemente cansado.

Me gustaría escribir más pero tengo exámenes en un par de días, así que hasta entonces...

Próximamente: Catalina and James. Reencuentro en Berlín

lunes, 1 de junio de 2009

El Gran Toruño

Domingo, 29 de Marzo de 2009

Otro día en el Toruñ donde calor proveniente de la más cercana de las estrellas, llamada Sol, me vuelve a despertar. Pocos minutos después uno de los móviles de mis camaradas Erasmus también suena: es hora de recoger nuestros bártulos e ir a la estación de tren para comprar un billete hacia las tinieblas, llamadas Gliwice en esa ocasión. Embutidas nuestras cosas en las mochilas, nos despedimos del grupo de Erasmus de Toruñ, que nos habían abierto sus puertas a la fiesta y sus brazos a enloquecidos bailes.

Cogimos un bus cerca de la residencia. Coger no es la palabra adecuada (y no me refiero a Latinoamérica) más bien lo capturamos por tan sólo unos segundos. Mucha suerte. El señor Fernando ya se había ido más temprano junto a los turcos, es un vago recuerdo que mantengo pues mientras dormíamos alguien vino y lo dijo. También otra persona abrió la puerta y e intentó dialogar con esos cuerpos humanos sin vida y sin dignidad que yacían por la habitación (me estoy refiriendo por si cabe alguna duda, a los Erasmus de Gliwice). Mientras intentaba mantener el equilibrio en el autobús de manufactura soviética, vi en un parque una escena estremecedora:
entre unos árboles había un coche, un poco más allá un cordón policial y en su centro una bola de plástico negra alargada. Ahí lo dejo, sin verificar ni nada, pues busqué en periódicos polacos pero mi dominio del idioma sigue siendo escaso.

En la estación de tren el señor Jacobo pudo disfrutar de un perrito caliente que tenía una lechuga especial. Habíamos visto como la señora del puesto de comida asesina se le había caído un par de hojas de esta simpática planta al suelo. Las recogió sin problema alguno y las puso de nuevo en el perrito caliente. Un ejemplo de seriedad e higiene que me gustaría exportar a España sino fuera que ya está extendido. Por el otro lado supongo que la gente tiene menos asma y las defensas más altas. Pero incluso unas defensas más altas no impidió que Alemania los invadiera con facilidad. Esto es porque en el país germano directamente pisoteaban sobre el barro las salchichas antes de comerlas.

¿Es que nadie va a pensar en las pobres salchichas?

Al entrar al tren nos dividimos, los portugueses no se creían que un tren pudiera dividirse en dos partes y las dos tomar diferentes caminos. Tardé más de media hora en convencerles para irnos a los primeros vagones (que seguro iban a Katowice) junto a los españoles, y tardamos más de media hora caminando desde el último vagón hasta donde los demás nos esperaban, pues era muy largo. Esto tiene sentido porque en Portugal al igual que en Galicia, nuestros sobredesarrollados sistemas ferroviarios disponen de tan sólo una línea norte-sur, la envidia de las naciones de la OCDE.

Nos esperaban siete horas de viaje hasta nuetro hogar de adopción. Estas fueron amenizadas por diversas tonterías y un ser humano polaco que caminaba por el pasillo fuera de control y con la que practicamos nuestras palabras más básicas en polaco: al fin habíamos encontrado un interlocutor polaco de nuestro nivel. Una niña de 3 años. También nos repartimos por varios compartimentos (recordemos que es el tipo de tren Willy Fog) para dormir en precarias condiciones, que fueron interrumpidas una docena de veces por la misma revisora de tren que nos pedía nuestros billetes. Los señores Alberto, Jacobo y servidor fuimos a la cafetería para estirar las piernas, situada unos cuantos vagones atrás. Tras 15 minutos de caminata y casi un accidente grave por tropiezo por mi parte, llegamos a la cafetería del tren donde Jacobo y Alberto disfrutaron de dos cafés y yo de un zumo de Pomarañcza y Brzowski. O algo así.

Pero hete aquí que el camarero (repito, ¡el KELNER!) nos pidió los billetes. Repito, el camarero nos pidió los billetes. Anonadados se lo mostramos, y sonidos raros comenzaron a salir de su boca, tras unos segundos desciframos lo siguiente: ese no era nuestro vagón y que sí, nuestras sospechas eran ciertas, el tren se iba a dividir ¡corred por vuestras vidas, insensatos! os recuerdo amados lectores (los de márketing me han dicho que tengo que decir esto de vez en cuando), que tardamos 15 minutos en llegar hasta la cafetería y que el tiempo no se iba a detener por nosotros. Comenzamos a correr como posesos mientras el tren se paraba y un millar de personas quería subir y otro tanto se disponía a bajar, un caos total. Le pisé la maleta a un polaco y me gritó tanto que pensé que había secuestrado a alguien, metido en una bolsa y que yo lo había mancillado. Decidí ante la imposibilidad de correr por esos pasillos salir al andén, Jacobo y Alberto no tardaron en hacer lo mismo. En su caso tenían dificultad añadida: el café. Exacto, iban corrieron por untre n con su vasito de café en la mano. Toda una muestra del señorío e hidalgúía que seguimos profesando los españoles de bien. Si a esto le juntas el factor lluvia más español en camiseta corta la ecuación puede llegar a ser de un grado de proporciones épicas. Afortunadamente llegamos a nuestro vagón donde estaban nuestros compañeros portugueses (y nuestras carteras y móviles) y nuestro destino asegurado a Katowice. Lo llamarían ironía si yo no lo llamara españolidad (más bien 66% de galleguidad, 18% de extremeñez y 18% de madrileñismo. Nación de naciones)

El tiempo iba empeorando mientras nos aproximábamos a nuestra querida y contaminada Silesia. En Katowice cogimos otro tren par a Gliwice y una ve z allí estábamos tan cansados y nos sentimos con nuestras carteras tan llenas que decidimos vaciarlas de forma inútil metiéndonos en un taxi para llegar a la residencia. Sólo me acuerdo que me fui directamente a la cama y poco más.

Visitar Toruñ: ¡misión cumplida!
Conocer nuevos erasmus: ¡misión cumplida!
Ir a discoteca con nombre de un depresivo pero afamado libro: ¡misión cumplida!

Próximamente: mis viajes con Catalina. Nazis, trenes, confusión y un transexual.

martes, 26 de mayo de 2009

Toruñ, Toruñto Bravo

La verdad es que estoy terriblemente cansado de actualizar este blog. Pero me debo a los lectores, soy uno de esos filántropos que sabe que en el fondo es mejor dar que recibir, especialmente si eres boxeador. Así que aquí está una corta entrada relatando el cenit y decaída de nuestra expedición a Toruñ, ciudad conocida por haber sido la villa donde un polaco se dio al piwo más de lo necesario y le dio por decir totnerías como que la Tierra gira alredededor del Sol. Y al parecer lo dijo después de muerto, lo que demuestra que su coma etilítico finiquitado en muerte no debió ser tal. Hablando de Sol, aquí últimamente ya comienza a haber algo de resplandor a cosa de las 3:50 y se va a las 9:30, lo cual no ayuda a mi estado de ánimo, es algo que te cansa el cuerpo y que está pasando factura a mi salud mental. Y carga de facturas de pub a muchos Erasmus.

Sábado, 28 de Marzo de 2009

No hay persianas. Sólo hay unos rayos solares, que junto a los cósmicos, atraviesan las delgadas cortinas y también mi piel como si ambas fueran de papel. Siento como millones de celulas gritan de agonía para a continuación ver como su ADN se deshace dentro de sus núcleos perdiendo con ello su único documento con el que atestiguar un viaje gratis el día de su jubilación. Millones de células mueren abrasadas como japoneses acurrucadas en sus casas de cartón en Hirosima en el caluroso del 1945 ¿me despertarontales gritos? no señor, fue el olor a inflamable gasógeno que inundaba la habitación, aunque en segundos me di cuenta que el motivo de semejante peste eran dos compañeros erasmus, los señores F y Jo que dormían plácidamente exudando los litros de alcohol que sus cuerpos no fueron capaces de metabolizar. Me sentía tan sucio como ellos, y necesitaba huir de aquella cámara de gas.

Un muy calurosos verano en Hiroshima, millones de grados, según el Departamento de Metereología del Departamento de Defensa de los EEUU

Espero haber gastado suficientees palabras en el anterior párrafo para poder continuar con otras más mundanas y de recuerdo más fácil. Mierda ¿quién en su sano juicio dice/escribe mundanas? sigamos. Sólo el señor Alberto reunía suficientes fuerzas para levantarse. Lo que me impresionó es que al salir de su cama ésta no se estuviese vacía ¡sino que estaba el señor Alper también durmiendo allí! (nunca se lo dijimos al dueño de la habitación, que como dije en una anterior entrada, lo que él no quería era la entrada de un turco en su habitación). Yo sabía que el señor Alberto era un tío muy macho, pero esto me demostró que estaba equivocado. En realidad era un tío más que macho, pues podía dormir junto a un hombre en la misma cama ¡y NO sentirse atraído hacía él!. Debido al insano e irrespirable ambiente del lugar, el señor Alberto y yo decidimos probar suerte y ver si el turco de Toruñ (quien conoció a una polaca la noche anterior y cerró su habitación...con nuestras mochilas dentro, dejándonos vendidos) estaba ya despierto y buscando la píldora abortiva por las farmacias del lugar. Pero no, la puerta todavía estaba cerrada. Decidimos tras esto irnos al supermercado de la esquina para comprarnos un lastimero suministro de comida para tener algo que desayunar.

La gente siguió durmiendo por una espacio de tiempo indeterminado, tras lo cual nos pusimos rumbo a la ciudad de Toruñ para poder verla en toda su gloria. No dispongo de apenas fotos debido a mi suerte: pilas descargadas y ausencia de lugares para comprar nuevas. Perfecto.

Toruñ es una ciudad muy bien cuidada y algo española en el sentido que parte de sus calles están levantadas y en perpetuas obras. Salvo eso es una ciudad a la que sí que me gustaría haber ido de Erasmus, con todos sus edificios recién pintados, su falta de polución por la industria minera y su ausencia de hooligans ¡incluso es casi totalmente peatonal en el centro! maravilloso, sin duda. Es una de las ciudades que más me gusta de Polonia, y no sólo porque había una maravillosa y gallega lluvia uno de los días en que estuvimos ahí que me hizo sentir como en mi tierra, sino porque es bastante acogedora y agradable a la vista. Así que queridos viajeros, si os pasáis por Polonia, no olvidéis de hacer una paradita en Toruñ.

Mi idea. Me la robaron. La Pasión Turca meets Titanic.

Mientras estábamos caminando por las tranquilas calles de Toruñ me decidi a comer algo pues como dije el desayuno fue digno de Etiopía (con mis respetos a ese glorioso país que resistió a la conolización italiana. A sus intentos, vaya). Estaba delante de una panadería reflexionando sobre el ser y la nada, y un niño polaco al que definiré cariñosamente como Niño Rata me soltó algo en su fácil idioma, pero de todas formas tenía pensado entrar. Compré un bollo y a la salida él y sus amigos me pidieron un impuesto revolucionario, probablemente por haberme ayudado en la tediosa tarea de elegir dónde comprar parte de mi sustento. Los despaché rápidapente con un Nie mówie po polsku, lo que los dejó a cuadros y a mí satisfecho.

Los señores Jacobo, Fernando y yo decidimos despegarnos del grupo expedicionario Erasmus de Gliwice (el cual estaba comandado por los Erasmus de Toruñ, que muy amablemente nos hicieron de guías turísiticos totalmente gratis) porque nos estábamos muriendo de hambre. Nos decantamos por la más sana de las opciones, esto es, un McDonalds. Hete aquí que una vez estábamos comiendo y disfrutando de unos estúpidos videoclips en las pantallas planas del lugar ¡cuando el Niño Rata y su pandilla inexplicablemente aparecieron por ahí! como no pudieron cobrarme nada se dedicaban a rapiñar carroña como podían de esa educada gente que nunca recoge sus bandejas y deja toda la basura ahí. Como lo oís, rapiñar basura en una cadena de comida basura. Auguro un gran futuro a esos chicos, que tan educados eran que sepusieron a gritar a unas chicas a nuestro lado y nos lanzaron algunas patatas fritas.

Tras ir a un café donde nos atendió una camaera que no recuerdo si era extramadamente fea o extremadamente guapa, nos volvimos a la residencia donde nos alojábamos. Los señores Fernando y Jacobo pusieron sus vidas en mis manos cuando decidieron que un tío como yo podía llevarnos sanos y salvos por un camino y una dirección por la que sólo había ido una vez, de noche y en taxi. El que lloviera tampoco hacía la situación más fácil. Pero tuvimos éxito y fuimos en camino casi totalmente recto y no ocurrió ningún percance que nos hiciera prematuros donantes de órganos. Paramos en un supermercado para ser previsores y tener provisiones para el largísimo trayecto en tren de vuelta a Gliwice.

Volvimos a la residencia, en la cual horas depués concurría mucha gente para sistir al cumpleaños sopresa de un tal señor ¿David? un erasmus español. Una buena fiesta en la que me encontré con un compañero de universidad ¡y de carrera! sólo que del campus de Lugo. Coincidencias cósmicas, porque en mi facultad hay 9 plazas para Polonia y en la de Lugo no creo que haya más.

Tras mucha diversión y una traición por parte del seño Aberto que no me avisó de un zumo estaba cargado peligrosamente de vodka, nos dirigimos al centro por medio de taxis, toda una flota, serían 6 o 7. Nos gusta ayudar a la boyante industria taxísitica de Polonia, familias enteras han podido madnar a sus hijos a la unviersidad gracias a esto. Tras visitar diversos garitos que estaban demasiados llenos de gente acabamos en el Mockba (Moscú) que estaba aún más lleno y era aún más pequeño que los anteriores. Una delicia de oscuridad, lásers y humo que deleitan a cualquiera. Meando conocí a un polaco muy simpático que hablaba un español tan avanzado que conocía palabras como pantorilla o expresiones como dormir con los angelitos. Si hasta sabía de la existencia de...¡Dalminha! increíble.

Tras volver en taxi no nos esperaban demasiadas horas de sueño la verdad, pues había que coger un tren al mediodía, pero valió la pena.

Próximamente: domingo 29 asesinato en Toruñ y carreras por el tren

domingo, 17 de mayo de 2009

Toruñ tiene otra órbita respecto a Gliwice

Transfondo y razón del viaje a Toruñ, ciudad de Copérnico:
Dos de nuestros colegas Erasmus de origen portugués, los señores Emanuel y Filipe, hicieron un curso de polaco durante el mes de Septiembre en Toruñ, antes de venirse al hogareño y siempre simpático pueblo de Gliwice. Allí conocieron a multitud de Erasmus con los que trabaron amistad, y lo que es más importante, chicas, muchas chicas. En Toruñ hay facultades de Humanidades mientras que en Gliwice sólo hay ingenierías. Como muestra aleatoria del estudiantado de aquí, nada más que ver la planta de mi residencia, en la que habitan 78 hombres y 2 mujeres, una de ellas Erasmus. Esto explica muchas cosas. Así pues, esos señores lusitanos viajan frecuentemente a Toruñ y una vez decidimos acompañarles, sobre todo porque la estancia ea gratis, en la misma residencia. Esto es más de agradecer de lo que uno piensa, porque 7 horas de viaje en tren no son en absoluto agradables. Que conste que me enteré de toda la expedición ya en la madrugada del viernes, así que ni tuve tiempo de organizar mucho ni de dormitar demasiado.

Viernes, 27 de marzo de 2009

Por la mañana nos reunimos en la estación de tren sobre las 9 (ya ni recuerdo si fuimos en taxi o caminando), con tiempo suficiente para coger los billetes Gliwice-Katowice-Toruñ. Obviamente como he dicho tantas veces en este famoso blog, las cosas nunca salen bien si la PKP (la RENFE polonesa) está envuelta. Dos miembros de la expedición, los señores turcos Can y Alper perdieron el tren. No porque llegasen tarde ni porque comprasen el billete a destiempo, qué va, si lo hicieron a la vez que nosotros. Sólo que en su caso la simpática señora de la estación se retrasó unos minutos de forma totalmente inexpilcable e inexplicada en su entrega de esos dos billetes, así que estos turcos señores perdieron en tren por escasos 15 segundos. Aún recuerdo sus caras de incredulidad mientras el tren en el que me sentaba cómodamente se alejaba. Tendrían que esperar al siguiente, pero tampoco hay demasiados trenes Katowice-Toruñ, así que su retraso total sería de unas 7 horas respecto a nosotros. Nada más. También los señores Jacobo y Fernando no llegaron a tiempo a la estación porque se quedaron dormidos. Al menos viajarían juntos.

Del viaje en tren ¿qué decir? 7 horas de desasosiego y malnutrición de las que no quiero acordarme para no meter el dedo en la llaga de la cutrez Erasmus. Ahí queda escrito para generaciones posteriores.

Llegamos a Toruñ sanos y salvos, y los señores Filipe y Emanuel nos guiaron por sus lares. El tiempo era lloviznoso y había un río de aspecto medianamente sano: vamos, que me sentía como en casa. La ciudad estaba mucho mejor que las que he visto en el sur de Polonia. Y esto lo podía jurar sobre una Biblia, una Constitución o sobre el libro "I'm America" de Stephen Colbert nada más pasados 20 segundos allí.

El único ser humano con las co***es de presentarse a la presidencia de los Estados Unidos de América. Por los DOS partidos. Y no estoy de broma.

Estábamos hambrientos y empobrecidos, así que nos fuimos a un kebap (sí, tendencias suicidas). A los Erasmus turcos no les sentó nada bien, y creo que hasta fue antipatriótico, que nadie allí en ese establecimiento hablase turco. Además la comida que sirvieron era tan apetitosa que nadie acabó lo suyo, absolutamente nadie. Menos yo, básicamente porque fui suficientemente sabio como para no haber pedido nada allí, disfruté de una zapiekanka nada más salir en la primer esquina que encontré un sitio para comprar una y dimos una pequeña vuelta por el centro.

Zapiekanka: ketchup, chanpiñoes y queso sobre pan. Dios bendiga a Polonia



Mediante transporte autobusístico en el que no pagamos, llegamos a la zona de las residencias, las cuales a diferencia de nuestras amadas prisiones de Gliwice no poseían ningún grado de individualidad como tener un nombre propio. No, señores, aquí en Toruñ las condenaron al ostracismo ¡otorgándole números! pobres bloques de hormigón.

Ya en la residencia conocimos a algunos erasmus encerrados en ella. Dejamos las cosas en la habitación de un Erasmus turco pues se suponia que ibamos a dormir allí. Como se verá más adelante estábamos equivocados y nuestra decisión no fue la más sabia, es decir, poner nuestras mochilas en la habitación de un Turkish lover.

Tuvimos algo de fiestecilla en la residencia para después irnos al centro, creo que fue en taxi, no estoy completamente seguro. Lo que si recuerdo es que los cuatro perdidos llegaron a tiempo para enrolarse en la expedición.

Una de las pocas series de la que me aficioné y para luego mandarla a la mierda. Siempre tendré 24 :_)

Sólo fuimos a un garito llamado Solaris ¡igual que una de la residencias de Gliwice! también es casualidad que la primera calle que pisamos tras salir de la estación de tren de Toruñ se llamase Kujwaska, exactamente como en la que situúan nuestras residencias. Creo que hay una falta de imaginación para poner nombres realmente originales. Está bien que toda ciudad de Polonia tenga su Ulica Wolnosci (Calle de la Libertad) pero llega un momento en en que te kansas...¡jajaja! ¿habéis visto que chistazo acabo de hacer? ¡y se me ocurrió a mi sólo! y mejor que sólo se os olvide... de todas formas, creo que repetir Solaris por todas partes es una buena incitación a la lectura del libro homónimo de Stanislaw Lem, uno de mis escritores favoritos. Pero por favor, si hasta hay una marca de autobuses del mismo nombre!


Esto mucho mejor...pero aviso, no es un libro erótico.

El garito en cuestión estaba bastante bien, y si a ello le añades conocer Erasmus de diferentes países la cosa dejó un buen sabor de boca. Nota: aquí en Gliwice hay 4 nacionalidades representadas: portugueses, españoles, francés (sólo uno que a motivos de su dominio del castellano iría incluido en el grupo anterior) y turcos. Vamos, un aburrimiento caracterizado por gente de pelo oscuro y cejijunta. También había unos detalles curiosos en Solaris, pasen y vean...

Los señores Alberto y Filipe hablan cordialmente mientras...¡un Alien acecha debajo de la mesa!

¿Maestro Yoda?¿qué será lo proximo, Darth Vader?

Vaya...debe ser el Lado Oscuro del Erasmus

Tras muchos bailar y montarlas- sobre todo adestacar lo que parecía ser un apdre de familia que abandonó a los suyos en pos del baile y de la droga- nos volvimos a la residencia. Descubrimos con pavor que la habitación de nuestro hospedador turco estaba cerrada ¿porqué? al parecer se había ligado a alguien y...no daré más detalles. Afortunadamente había plan B, uno de los Erasmus de Toruñ nos dejaba su habitación (pues los cabronazos pagaban dos alquileres y así las habitaciones dobles eran ocupadas por sólo una persona, que envidia) y él se iba a otra. A destacar que este buen hombre los confundimos con un polaco la primera vez, más tarde en un perfecto castellano de Ávila nos explicó su herencia genética a medio camino de España y Polonia. Nos dejó claro que en esa habitación no podía dormir ningún turco. Eso me gustó, el filantrópico catolicismo internacional unido una vez más contra los ayatolás, como en los buenos tiempos de las Cruzadas. Lástima que sólo la última fuera fructífera, la del 1936-1939, aunque esa vez contra la sangrienta hidra del Bolchevismo.

Había tres camas, pues pusieron una adicional. Dos dispuestas juntas y otra aparte. El señor Alberto se apropió de la individual, y me vi abocado a compartir las dos camas con dos alcoholizados señores J y F (así preservo su anonimato), los cuales estuvieron cantando cada vez a ritmo más lento y acordes más bajos hasta que cayeron irremesiblemente dormidos y próximos a un coma etílico, pues esa noche en vez de invitar a jóvenes mozas a chupitos para caer bajo sus encantos (o bajo sus bajos, vaya usted a saber) se dedicaron a bebérselos ellos mismos, y el influjo mortal de los grupos -OH hizo el resto.

Durante la noche el señor F se vio atacado por lo que nos apreció ver como convulsiones y arcadas producidas por una cogorza monumental, todo en mitad d euna negrurar mortal, así que nos temíamos lo peor y que estuviese vomitando. Más tarde descubriríamos que no había echado su cena contra la cama, sino unos mocos del tamaño de una mano extendida. Podía a ver sido peor. Esos ruidos preodcuparon incluso al alcoholizado señlor J, el cual creía que era servidor quien estaba agonizando, entonces me movía dicíendome "señor J, señor J, joder, que James está mal, que está muy mal". Supongo que por la oscuridad. La oscuridad que representa el vodka.

domingo, 10 de mayo de 2009

Corruption in Lódz

Sé que no llevo un ritmo especialmente adecuado en esto de escribir entradas para este fantástico blog, pero creedme que he estado muy liado esta semana con cosas de la universidad ¡creí que eso nunca me pasaría estando de erasmus! como plato fuerte, una profesora me mandó estudiar unas cosas pero sin bibliografia ni temario...tengo que buscar yo personalmente esa información a través de internet y luego vendrá un examen. Eso me lo esperaría en un país como España, pero en un país del Ter...en fin, que me callo.

Mi plan original era irme a Lódz el jueves, sin embargo el profesor Orko me encasquetó una clase esa mañana, y mis ganas de ir por la tarde en un trayecto de cuatro horas y llegar a las altas horas de la noche a una ciudad totalmente desconocida, inclinaron la balanza hacia el viernes.

Viernes, 20 de marzo de 2009

Cogí un tren hacia Katowice, pues siendo la principal ciudad de la region de Silesia, de ella parten todos los trenes habidos y por haber, no sólo de la región, creo que hasta a otras dimensiones y otros planetas. Comparado con mi humilde Galicia, donde prácticamente sólo hay una línea de norte a sur, Silesia parece un atentado hacia el entorno ecológico, es difícil atravesar parte de su superficie sin encontrarte con unas vías de tren o de tranvía. Pero supongo que los niños aquí tendrán una infancia más feliz (a pesar del carbon suspendido en el ambiente) pues seguramente ven pasar trenes por todas partes y a todas horas, incluso de madrugada. Aunque bueno, en la lista de Schindler tambiéns salían niños polacos saludando al tren...uhm

Bien, por gracia del destino, el tren se paró cerca de Zabrze por una avería. O eso supuse yo. Un polaco me habló en su idioma natal y aparenté entenderle. Parecía frustrado, y a no ser que su mujer le estuviera poniendo los cuernos con un Erasmus y él quisiera vengarse conmigo, probablemente estaba hasta las narices del tren. Que yo también, hombre. Pero éramos sólo dos. Todos los demás del vagón permanecían silenciosos, y al cabo de un rato todos sacaron el móvil y comenzarona teclear al unísoso. Digno de una película de terror.

O de tema musical de terror. O cantante de terror...

Tras 45 minutos de inexplicable e inexplicada paralización, el tren volvió a la vida, aunque con extraños sonidos desde sus tripas que me hicieron temer lo peor y revivir las primeras escenas de El Protegido. Resultó que llegamos 45 minutos a Katowice más tarde de lo previsto y que mi primera intención era llegar temprano a esa ciudad y tendría 50 minutos de sobra para comprar el billete a Lódz, pero con el retaso...eso se convirtió que en la cola para comprarlo en la estación, esos 5 minutos que tuve de diferencia se vieran mortalmente escasos. Pedí colarme, pero mi cara de falseada pena y desesperación no consiquió arrancar solidaridad en los soviéticos rostros de la gente que esperaba. Probablemente llevaban meses esperando por un billete de tren. al igual que con el pan. No sé si lo he dicho suficientes veces en este blog, pero el servicio en las taquillas es absolutamente horrible. Cuando comente mis viajes con Catalina pondré un ejemplo de lo desesperante que puede llegar a ser: llegas con a la estación con 35 minutos de adelanto respecto al tren que quieres coger, pero al finalg astas 30 de esos minutos para comprar e b illete y luego tienes que ir corriendo a la plataforma correspondiente. Y eso que el sistema está bastante informatizado, pero es que no hay quien lo comprenda.

Entonces consecuentemente debido al retraso del primer tren y el retraso mental de algunas personas perdí el segundo, directo a Lódz. Tenía que esperar ni más ni menos que la friolera (literalmentente, hacía bastante frío) de tres malditas horas en una ciudad tan apasionante como es Katowice. Que por cierto, es la ciudad con el mayor índice de criminalidad de toda Polonia. Afortunadamente los ladrones sólo saben atracar en polaco y los asesinos sólo disfrutan de los gritos en su nativo idioma, lo que explica que ningún Erasmus haya tenido ningún problema de momento.

Llegado el momento cogí en tren dirección Lódz y mi soviético mp3 comprado en Polonia y de momento, con configuración en polaco, me deleitó con Muse, System of a Down, Red Hot Chili Pperes, Dover y unos cuantos grupos más. Cuando llegué allí estaba Kasia esperándome. Era una de las coordinadoras de la universidad de Lóz que también se fueron con nosotros a Zakopane, en octubre de 2008. Siempre es bueno falsear la amistad con alguien para que te de alojamiento gratuito. Leches, olviden la frase anterior. Y tras ello olviden la justamente anterior a esta. Gracias. Oh, en el mismo sentido, para aumentar más el número de visitas a mi blog y por lo tanto, sentirme realziado, olviden todo lo que han leído y vuelvan a entrar. Gracias de nuevo.

Lavado de cerebro a mis lectores ¡Totalmente gratis!

Tras reencontrarnos y contarnos nuestras penas y alegrías, y principalmente quejas sobre este país que ha tenido la amabildiad de acogerme, nos dirigimos a una de las residencias de su universidad, donde me esperaba una habitación de la que pocos tienen llave o conocimeneto de ella y se usa en ocasiones como esta. Joder, me sentía como un terrorista o un sicario en una peligrosa misión, si hasta tenía un piso franco. Pero primero tuvimos que ir a otra habitación donde algunos amigos de Kasia estaban alcoholizándose en plan viejo de 70 años: sin moverse del sitio y sin intención de salir al mundo exterior. Me ofrecieron más y más alcohol, pero les dije que estaba bajo medicación (ellos deberían estar con alguna, ah , y con una camisa de fuerza también) para evitar morir de coma etílico, así que me sirvieron un té. Fingñítambién entender lo que me decían en polaco, y tenías algunas palabras de odio para los extranjeros. Me sentiría ofendido si fueran las mismas de siempre, la de que estamos ahí para robarles a sus mujeres -las más guapas del mundo dicen, convencidos-. Sin embargo esta vez me contaron otra, lo que me fascinó, la historia de unos erasmus que en una noche de borrachera volcaron un coche que para desgracia de otro y para su alegría, no era suyo, sino de un polaco. La verdad es que no es difícil de creer. En la Politécnica de Silesia este año los erasmus están dividos en residencias según la carrera que estén haciendo, al igual que los polacos. Un año atrás estaban todos en la misma, pero debido a los disturbios, desórdenes y situaciones de emergencia nacional causados por ellos mismos, entre los que se incluyen lanzamiento de mobiliario a traves de las ventanas desde un cuarto piso, la dirección de estudios intenacioneles pensó que mejor los dividían o que los deportaban. No se aclaraban y al final, un punto intermedio: escogieron las dos cosas, los dividieron en trozos pequeños, un brazo por allí, una oreja por allá, y los deportaron por correo por el mundo entero. No, no es otra leyenda urbana ¡es la mía!

Después fuimos a tomar una pizza a un garito frecuentado por estudiantes, y allí también me reuní tras un par de sms con Mateusz, el polaco que conocí esperando para el avión de vuelta a casa para las navidades! bailamos a lo loco como erasmus que soy ( y que alguno será) pero el lugar cerraba relativamente temprano. No veais como echo de menos a España a veces...

Mateusz y servidor

La rubia es Kasia, y los que estáis girando el cuello para verlo en condiciones sois vosotros. Y sois unos pervertidos ¡qué leches!

Sábado, 21 de Marzo de 2009

Me desperté y tras esperar a Kasia un buen rato en la puerta de la residencia, al fin apareció. Como es de familia de buen parecer, sus padres le compraron un piso en la cidudad para que estudie a su aire. Espero que la burbuja inmobiliaria se expanda cuanto antes a este país, para invertir aquí, hacerme rico y luego llevarme todas las divisas a un paraíso fiscal, igualito que mis héroes que han hundido España. Caminamos por la avenida principal de Lódz, al parecer es la calle en línea recta más larga de europa. Me lo creo. Aquello era tan, tan absurdamente llano que hasta podría ser Kansas. Veías el horizonte hacia el final de la calle. Las aceras estaban bastante limpias y los edificios estaban más cuidados que las erráticas estructuras que existen en Silesia y que a veces están habitadas. No hace falta más que ver una foto para ver la diferencia:

Y esos adoquines tienen los nombres de gente asesinada en campos de concentración y de exterminio. No están todos porque hay familiares que no quieren. Impactante. Y casi sin fin...

Tras ello nos encaminamos hacia la Manufakatura. Aclarar que Lódz fue el Manchester polaco, es decir, una ciudad núcleo de producción industrial textil. Eso fue de antaño, hoy por hoy nadie rivaliza con esos otros comunistas, los chinos. Si Mao levantase la cabeza...por lo tanto, muchas factorias cerraron, pero algunas personas vieron en esas gigantes naves industriales hechas con ladrillo una posiblidad de hacer negocio: la caída del comunismo polaco había dejado por los suelos las voluntades de construir una sociedad mejor para todos (menos para los disidentes, claro está). Una de estas naves llamada Manufaktura fue totalmente reconvertida en una serie de galerías comerciales, restaurantes, cadenas de comda rápida, multicines y un sinfín más de cosas. Nunca vi centros comerciales más grandes en mi vida que los de Polonia. Allí uno se siente el rey del capitalismo.

Lo que dije, como un rey (del capitalismo)

Nos metimos a comer en un restaurante de la cadena Sphinx, en el cual en mis alardes de aparentar que sé polaco, casi pido unas costillas a la rarsa para varias personas. Después dimos una vuelta por las innumerables tiendas del lugar, en las que vi un extraño método de recogida de niños perdidos, algo conservador, literalmente:

Ya sabéis chicas, sino tomáis métodos anticonceptivos siempre podéis usar años después esto con los bebés no deseados e indeseables

Mi verdadero nombre está oculto en la foto...en la cartera del polaco que me mira fijamente

Tras descansar para una noche de marcha...al final no hubo tanta marcha como uno habría supuesto. De hecho sólo billar y poco más. Y ninguna pelea, vaya decepción ¡pensé que estaba en Polonia, demonios!

La única vez en mi vida en la que tuve un MIG de fabricación soviética en mis manos...o casi

Domingo, 22 de Marzo de 2009

Por la mañana veríamos un poco más de la ciudad horriblemente nublada por un Dios que no me tiene en consideración. Visitamos entre otras cosas un museo de la historia textil de la ciudad y también de diseños textiles, más interesante de lo que parece, pero al salir estábamos muy lejos de la residencia, así que decidimos pillar un tranvía. Problema: no teníamos billete porque todos los kioskos, que es donde los venden, estaban cerrados. Decidimos tentar a la suerte y subir igual...con mal resultado ¡nos pillaron unos inspectores de incógnito!

La multa en cuestión era de 150 zloty, que al cambio vienen a ser más de 30 euros. Y esto es por cabeza, amigos míos. Nunca viajar en transporte público había sido tan caro para mi de sorpresa (excepto como veremos en próximas entreadas, el tren Hamburgo-Berlín que tomé con Catalina, 60 eurazos...). Sin embargo yo no estaba ni con ganas ni con paciencia, así que simplemente lo corrompí.

Sí señores, aquí digo al mundo (so pena de ser arrestado por las autoridades polacas): corrompí a dos miembros de la autoridad en Polonia. Cierto que no eran policías. Cierto que quizás eran más jóvenes que yo. Pero también bien cierto es que les di 25 zloty, detrás de un kiosko para que nadie nos viera (pues obviamente tuvimos que bajarnos del tranvía). Como estos pobres hombres van a comisión, simplemente se le ofrece más o menos lo que se dice que es su procentaje de cada multa y claro, al ser extraoficialmente, pues les sale mejor que poner la multa. Así es como a la edad de 22 años y en el extranjero, servidor decidió dar la espalda a sus ideales democráticos y de una sociedad ordenada simplemente ofreciendo directamente dinero al multador en vez de apgar la multa. Y funcionó.

Foto sacada poco después de la corrupción del tranvía. Es irónico, fui algomafioso y ¡minutos después esto!

Tras ese desafortunado incidente, Kasia y yo nos encaminamos a una de las estaciones de tren de Lódz, compré mi billete, comimos algo y me despedí de ella. Siempre es bueno hacer amistades sólo para tener alojamiento gratis. O eso dicen.